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Dr. CARL ADOLF VOGEL

Discurso inaugural de Parque Diana realizado en 1966 por el Dr. Carl Adolf Vogel, Consul General y Senador Honorario de la Universidad de Shefield.

Cualquiera que haya nacido en Baviera, en la región denominada "Franconia superior" (Oberfranken), lleva el amor hacia la naturaleza y los animales en la sangre. Todavía hoy recuerdo con cuánta ansiedad esperaba todos los años las vacaciones, en que se nos permitía a mi hermano y a mí hacer una visita a un amigo de mi padre en una cabaña de guardabosque al pie del "Ochsenkopf". Acompañar al "tío" muy temprano en su recorrido por el coto y observar bajo su experta guía al ciervo colorado en libertad, significaba para mí la alegría más grande del mundo.

Recuerdo también cómo, siendo un pequeñuelo de 10 años de edad y durante la primera guerra mundial, al ver la fotografía de un bosque de robles en la región de la Somme completamente destrozado por las granadas, me conmovió la pregunta: "¿dónde están los ciervos, dónde quedaron los animales que tenían aquí su medio de vida?" Esta pregunta no me volvió a dejar en paz. Este interrogante nunca ha tenido tanto sentido ni ha sido tan oportuno para ninguna generación como para la nuestra, que no sólo vivió las horribles devastaciones de dos guerras sino también la penetración casi incomprensible de bosques casi vírgenes por el progreso tecnológico y la pujante industrialización. Los animales salvajes son acorralados y espantados; año tras año pierden el medio natural al que pertenecen. Donde antes el majestuoso ciervo colorado guiaba como rey indiscutido sus manadas entre los interminables bosques, circulan hoy ruidosos automóviles y el estridente silbido de las sirenas de fábricas cercanas sustituye a su real bramido.

La Europa sobrepoblada se ha vuelto demasiado angosta. El hombre le quita lugar al animal. Pero descubrí que, a pesar de todo esto, aún queda lugar para el reino animal en esta tierra bendita cuando vi las enormes extensiones en la Argentina, casi inimaginables para el europeo.Llegué en 1927 a Buenos Aires, donde trabajé como meritorio en una empresa de exportación junto con un amigo, él también amante de la naturaleza y de los animales, y recorrí -en aquellos años todavía tan llenos de aventuras- el país de norte a sur. Vi cantidades enormes de vacunos y lanares que, a pesar de contarse por millones de cabezas, se perdían en aquellas vastas extensiones, en contraposición, por extraño que parezca, a una casi total ausencia de animales.

No solamente quedaban muy pocos ejemplares de animales autóctonos, sino que también habían disminuido los grupos importados. En muchos casos no se les había prestado el cuidado adecuado por falta de experiencia en la cría europea.

Habrían de pasar tres decenios, antes de que volviera nuevamente a la Argentina, que siempre estuvo presente en mi mente como mi segunda patria. Como se me ofrecía oportunidad de vender un terreno, que tiempo atrás había adquirido en el barrio de Belgrano por poco dinero y que entonces con motivo del desarrollo progresivo de la ciudad, había aumentado su valor considerablemente, me decidí a comprar las estancias Lago Hermoso y Meliquina.

Por su extensión, condiciones climáticas y el buen apacentamiento, reunía todos los requisitos para hacer realidad mi antiguo sueño de erigir una reserva de animales de miras amplias, dotada de una estación moderna de acuerdo con los últimos dictados en la materia. Por supuesto que la adquisición de las estancias que aumenté con otras compras a 70.000 ha., exigía primero una reorganización radical, para hacer rentable la explotación ganadero-agrícola y poner así las bases para otras instalaciones que debían servir a la investigación científica de la naturaleza. Estas estancias son ahora administradas por el conde Pallavicini.

Cuando finalmente fundé, en 1963, la Estación Zootécnica Experimental PARQUE DIANA, sobre la orilla norte del Lago Meliquina, ya había adquirido durante muchos años experiencias en el mantenimiento de animales criados en recinto, en mi propiedad austriaca, el castillo de Fuschl en el Salzkammergut. En PARQUE DIANA, que actualmente abarca 3.000 ha., se me ofrecían todas las posibilidades de aprovechar mis conocimientos en mayor escala. No sólo mediante nuevas importaciones para renovar la calidad de la raza y para la mejora cualitativa del contingente de animales, sino más bien por la instalación de un puesto que habría de suministrar nuevos conocimientos e impulsos con una investigación netamente científica de los cérvidos y por el intercambio de experiencias con centros de investigación en todos los países donde se practican la cría y el cuidado de los animales.

Además, la extensión del área me permitía extender la importación de animales sin tara hereditaria, no sólo a las distintas razas de cérvidos, sino simultáneamente me permitía asegurar un ambiente de vida apropiado a razas raras o amenazadas por la extinción en mi patria europea. A pesar de que podría ser una atracción para el incipiente turismo, sería un error fatal considerar todo esto sólo bajo el punto de vista de una falsificación de la fauna autóctona.

Me parece, al contrario, un mandamiento innegable de la protección de la naturaleza: llenar los pocos claros del mundo con razas contemporáneas de animales. Además, es de interés altamente científico observar cómo se desarrollan y mejoran esos animales en un ambiente desconocido pero apropiado para su especie. La atención que han obtenido mis esfuerzos en pocos años y en todo el mundo, tanto por parte de la prensa, como de los centros de investigación, confirma la importancia que hoy se otorga a este trabajo.

PARQUE DIANA cumple ahora 4 años, pero ya viven allí razas que en su patria original, los bosques europeos, han sido erradicadas. La orgullosa cabra montesa, que sólo sobrevive en un vedado en el norte de Italia; el muflón, elegante y ágil, cada vez más apartado en sus islas nativas de Cerdeña y Córcega; y el vetusto bisonte, salvaje buey germano, cuyos últimos representantes están contados y registrados en un libro internacional de cria.Todos ellos, cruzan ahora en libertad, en el coto vedado de PARQUE DIANA, por la pampa y las montañas arboladas en la orilla del Lago Meliquina. Bajo el generoso sol argentino ya crecen, en una segura libertad, los primeros descendientes de las cabras y muflones, y antes de un año nacerán los primeros terneros de bisonte de América del Sur.

Este nuevo mundo les ofrece a ellos y a sus descendientes espacio suficiente, mientras que en Europa, su antigua patria, no tienen más posibilidades de vida. Todos estos animales han sido elegidos según un cierto pIan con mucho empeño y con la utilización de grandes recursos.

Proceden en su mayoría del parque Hellabrunn de Munich , reconocido mundialmente por la cría y conservación de razas raras y extinguidas en estado de libertad. De Hellabrunn también proceden los valiosos ciervos David, que fueron erradicados a fines de siglo de su lugar de origen, China. Sólo se conservan pocos ejemplares, cuidados en zoológicos europeos. Son los padres de todos los ciervos David existentes actualmente en la tierra. Esta raza rara e interesante de ciervo, encontró ahora una patria nueva en PARQUE DIANA, donde cuidada y protegida puede procrearse.

Hace poco, hice cercar otro terreno más con alambre tejido, para que otras especies de animales puedan desarrollarse resguardadas de enemigos humanos y animales. Quiero dar un hogar y criar allí a las interesantes especies argentinas de ciervo, ya casi conocidas solamente por entendidos en la materia: son el gracioso ciervo Pudu-Pudu, casi exterminado, y el raro Huemul.

Además de estos cérvidos serán ubicados otros animales más conocidos y por suerte todavía existentes en libertad, como los guanacos, vicuñas, sus semejantes domesticados – la alpaca y la llama-,la liebre Mara de la pampa, de orejas cortas y también el zanquilargo Ñandú. Asi, los amantes de la naturaleza y fauna de todo el mundo, tendrán oportunidad de conocer y admirar de cerca en una libertad relativa esos ejemplares magníficos de la fauna argentina.

Sólo esta meta ya bastaría para justificar la instalación de PARQUE DIANA, no obstante, nuestros esfuerzos están dirigidos a otros objetivos mayores. Por iniciativa nuestra se reúnen desde hace varios años en el Parque Hellabrunn, animales de las más famosas clases de venados de Europa, de los Alpes alemanes, los Cárpatos húngaros, de la llanura yugoslava y de la mundialmente famosa cría de Warnham- Court en Inglaterra. Allí en Hellabrunn son formados en grupos con destino a PARQUE DIANA. Gracias a las condiciones de vida propicias en su nueva patria, se han adaptado excelentemente y más adelante aportarán nuevas fuerzas a los ciervos importados desde hace más de 60 años.

Finalmente, permítanme mencionar el apoyo que me han brindado en mis proyectos y esfuerzos, numerosos expertos, científicos y fieles colaboradores. Sobre todo, debo agradecerle muchas ideas y consejos al Señor Director Heinz Heck, creador y director del parque de animales Hellabrunn. A este criador de animales se debe la conservación de varias especies amenazadas. Para la instalación del coto cercado pude obtener la colaboración del conde Kalmán Tisza. Igual gratitud siento hacia el príncipe Reuss, Enrique III, quien fomentó mis trabajos con su larga experiencia en el mantenimiento de animales de recinto. Agradezco la colaboración incansable de mi hermano Dr.Veit Vogel, quien supo dominar las dificultades que surgieron en la elección y agrupación de los grupos de reproducción.

Quiero expresar también mi agradecimiento a mis secretarias, las señoras Elisabeth Koch y Bárbara Marx, por haber superado las sendas buroráticas ineludibles en semejante proyecto. Gracias también, a los señores directores del parque Hellabrunn, Lutz Heck y Alfred Zoll.

No puedo enumerar aquí a todos, aunque no por eso serán olvidados. Sólo quiero nombrar al profesor Helmut Golla, quien con su riqueza de ideas, creó muchas estructuras. Debo mencionar, además, al Dr. Med.Vet.Theelen, de Buenos Aires, quien prestó atención médica a nuestros animales a su llegada de Europa y quien va a seguir cuidándolos en sus nuevos parajes.

Finalmente, quiero citar al Señor Director Hausmann y sus colaboradores, encomendados en Buenos Aires en la administración de PARQUE DIANA y por último deseo dar mil gracias a las instituciones argentinas de Parques Nacionales y del Ministerio de Agricultura que ayudaron a superar las laboriosas tramitaciones. Con razón puedo esperar ahora que este vedado de caza sea, en tiempos no muy lejanos, uno de los puntos más atractivos para el turismo en la Argentina; está situado en una región cuya singular belleza es conocida hace años en todos los continentes por la famosa película "Traumstrasse der Welt" (Ruta de ensueño del mundo). Cuando de este pedacito de tierra, a orillas del Lago Meliquina, de este terruño que era tierra virgen y ahora se llama PARQUE DIANA, se haya hecho un pequeño paraíso para los animales que lo habitan, entonces tendré recompensa abundante para mis esfuerzos.